I
Sentarse a los pies de sus recuerdos es lo que constantemente le mantiene con vida. Inexplicablemente, tras meses en aparente calma, las puertas cerradas a su alrededor le recuerdan la soledad física que experimenta. Las ventanas no pueden verse, si acaso la luz que ilumina las manos sobre su regazo proviene de un tragaluz que ha sido cubierto por las hojas que caen cuando el frío en lugar de reverdecerlas las quema. Afuera el viento detona una leve brisa que provoca el tintineo de las casi desnudas ramas, adentro, el polvo le funde los cabellos con el piso… en sus ojos, en la mirada fija en una esquina de su grisáceo cielo, se recrean, microscópicas, escenas que infunden la única señal de vida.
II
“Cuando le veo, no puedo evitar desearle. Es como si sus palabras y su voz se hubieran metido en mis venas y recorrieran cada centímetro cúbico de mi sangre. Cómo si sus melodías fueran las venas que llevan cada uno de sus suspiros hasta ese punto en que me hacen perder la razón.”
III
“Este Enero fue como aquél Noviembre en que te conocí. Tenía la esperanza de sentarnos sin que nada en el pasado inmediato importara y de nuevo Bo Diddley o Mancini fluyeran entre nosotros. Como esas mañanas en que queríamos tapar la ventana con alguna frazada para que el sol nos dejara estar juntos un rato más. Esta vez la luna nos dio un permiso especial, ese tiempo que llaman “el de los amantes, el de los enamorados…”. Caray, si hubiera sabido en ese entonces que las lunas de octubre eran las más hermosas, hubiera preferido verte en un Octubre que en un Enero… porque las noches de invierno aunque largas, son las que más nostalgias nos dejan.”
IV
Anoche supe que llegarías. Ruego porque tengas esa mirada capaz de resucitar almas, dos transparentes rocíos que anuncian la calma… eso que tú y yo…
V
Sabes que siempre amé caminar sobre la arena, ¡pero esto! Te dije que el agua y la arena eran buena combinación, ¡pero no en una botella! Es broma, ¿verdad?
¿Acaso pretendes que la bañera se convierta en un estanque de payasos y caballitos de mar?
Oh no! Cuando dijiste que no me adelantara a pensar las cosas pensé que sólo era un decir… lo sabía! Y ahora, nooo… creo que el fregadero es muy pequeño para mí.
VII
Ni el frío parece surtir efecto en su cuerpo. Como si el mármol y su piel fueran uno, la tarde los enfría. No tiene idea de la hora, tal vez no lleve ni la cuenta de los días y quizá no le haga falta, pues en esta soledad lo que menos importa es el pasar del tiempo.
De sus labios entre abiertos y partidos se percibe un leve murmullo que sólo cesa cuando el cansancio le juega una treta…
VIII
Corazón…
Tu curiosidad es inmensa y eso me hace sentir tan especial… ser quien te diga de repente que ese insecto de alitas rojas y motas negras que tanto te hace reír cuando lo encuentras en el jardín es una catarina, y si, es lo mismo que una mariquita… o una vaquita de San Antonio… tiene tantos nombres comunes.
Pero tú no eres común. Eres luz… y no un reflejo estelar, ni artificial, ni invisible al ojo humano…
Cuando llegaste a mi vida olvidé los tragos amargos, olvidé la crisis existencial, las absurdas preocupaciones… sólo me dediqué a disfrutar contigo de esta existencia… a caminar por tus calles, a acariciar el cielo juntos, a reír como dos niños que descubren un nuevo mundo entre los arbustos del bosque.
Pero hay cosas que no pude remediar.
Hay cosas que no fui capaz de evitarte y que ahora me causan tanto dolor. Siento un coraje inmenso, una rabia de saber que hay situaciones que ni los libros, ni la música, ni los sueños, ni la mano del hombre pueden evitar…
IX
…es sólo que en esta ocasión ya no hay razón para esconderse ni buscar el cielo, que hace falta darle más profundidad al sueño y esperar a que este nos alcance.
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